King Tiger WSS

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domingo, 4 de septiembre de 2011

El mayor secreto atómico de Hitler: el agua pesada de Noruega


Agua pesada D2O
El 19 de noviembre de 1942, un par de bombarderos Halifax de la Real Fuerza Aérea se abrían paso a través de las espesas nubes de invierno sobre Noruega, remolcando cada uno un planeador de transporte de tropas de asalto. Dentro de cada planeador se encontraba un equipo de saboteadores profesionales de la 1ra División Aerotransportada británica. Los tripulantes habían resistido un viaje difícil y en la medida en que se acercaban al sitio de aterrizaje, previsto en el lago congelado Møsvatn, un equipo de comandos noruegos esperaba su llegada en algún lugar de las montañas.
Planta Vemork

El objetivo de la misión conjunta era penetrar e incapacitar la planta hidroeléctrica Vemork, que se había convertido en una fortaleza nazi ubicada en las montañas de Noruega. Aunque el propósito original de la planta había sido la producción de electricidad y fertilizantes, los alemanes estaban capitalizando la capacidad de las instalaciones para producir grandes cantidades de agua pesada, ingrediente clave en el esfuerzo nazi para desarrollar una bomba atómica. Los científicos de Vemork observaron por primera vez el agua pesada con curiosidad en 1934, cuando apareció como un subproducto del proceso revisado de producción de amoníaco. Física y químicamente la sustancia es similar al agua corriente, pero mientras que los átomos de hidrógeno en condiciones normales de H2O consisten en un protón y un electrón, muchos de los átomos de hidrógeno en el agua pesada tienen el peso adicional de un neutrón, que no es otro que el isótopo conocido como deuterio. Este óxido de deuterio (D2O) no existe en el agua de forma natural, aunque su proporción es normalmente sólo una parte en 41 millones, por lo que no se había observado previamente en cantidades significativas. Durante ocho años los científicos de Vemork habían estado recogiendo el exótico líquido para análisis científico, suministrando  muestras a investigadores de todo el mundo para experimentación. El interés de los nazis, sin embargo, era distinto.
Cilindros de concentración de D2O
A fines de 1930 un grupo de físicos alemanes descubrieron que ciertos isótopos raros de uranio son fisionables, lo que significa que sus núcleos se vuelven inestables y se separan cuando absorben un neutrón adicional. El núcleo se rompe en dos núcleos más pequeños, que se repelen entre sí con gran energía debido a sus cargas eléctricas, los que muestran un rápido movimiento de neutrones libres. Pronto los científicos descubrieron que una reacción en cadena sería posible utilizando material fisionable, ya que los neutrones generados durante una fisión podrían provocar fisiones subsecuentes, lo que daría lugar a más fisiones, y así sucesivamente. Dependiendo de las condiciones, esto podría producir una fuente consistente de calor y neutrones, lo que se traduciría en una explosión de corta duración. También se especuló que una reacción en cadena autosostenida sería más fácil de mantener si se podía identificar una sustancia capaz de frenar los neutrones libres para aumentar sus posibilidades de ser absorbidos.
D2O
Los nazis identificaron el agua pesada de los noruegos como uno de los mejores candidatos para actuar como moderador de neutrones, así que cuando las fuerzas alemanas invadieron Noruega en 1940, la planta Vemork fue un activo que se apresuraron a incautar. En virtud de seguridad más estricta, los científicos alemanes duplicaron la capacidad de producción de agua pesada y comenzaron a exportar los  barriles de material a los laboratorios de armas en Berlín. Los trabajadores civiles noruegos no sabían nada de bombas nucleares o moderadores de neutrones, pero el visible interés de los nazis en la sustancia llevó a los miembros de la resistencia a notificar la actividad a la inteligencia británica.
Documento secreto de la misión a Vemork
En 1942 los líderes Aliados estaban seguros de que el agua pesada era un componente crítico en los esfuerzos de Hitler para producir una arma atómica. Los moderadores de neutrones no eran componentes de las bombas atómicas, pero los físicos alemanes esperaban utilizar el agua pesada para moderar una reacción sostenida utilizando el raro elemento uranio-235. Podrían entonces exponer fragmentos de los isótopos de uranio más común (uranio-238) a los neutrones que lentamente producía el reactor, permitiendo que algunos de los núcleos de uranio absorbieran un neutrón extra para convertirse en uranio-239. Los átomos de U-239 tienden a beta-desintegrarse un par de veces en el transcurso de unos días, resultando finalmente en plutonio-239, que sirve para producir armas.
Saboteadores noruegos de Vemork
Los aliados no estaban dispuestos a sentarse de brazos cruzados mientras los científicos de Hitler avanzaban en sus esfuerzos de crear armamento nuclear. La Real Fuerza Aérea británica consideraba que un bombardeo nocturno de la planta Vemork era poco realista, por lo que un asalto por tierra se planificó. El 19 de noviembre de 1942, treinta ingenieros reales abordaron los planeadores y se dirigieron al paisaje helado de Noruega, remolcados por bombarderos Halifax. En las montañas cerca de la central eléctrica, un equipo de avanzada de los comandos de Noruega esperaba cerca de la zona de aterrizaje, mientras que los aviones enfrentaban un cielo poblado de espesas nubes.

En la medida en que el ruido de los motores de las aeronaves se extendía sobre el horizonte hacia Jens Anton Paulsson y sus tres hombres, se escuchó una sorda explosión en la distancia. Una vez que su eco se desvaneció, sólo un avión se escuchaba. Uno de los bombarderos Halifax se había estrellado contra una montaña. El piloto del planeador logró deshacerse del malogrado Halifax en el último momento y ejecutar el aterrizaje más elegante que pudo lograr en el terreno montañoso. El otro avión dio la vuelta y voló sobre el área del accidente, mientras que la tripulación trató infructuosamente de ponerse en contacto con el faro de aterrizaje. Con el tiempo se vieron obligados a abandonar la gestión debido a la falta de combustible, pero al iniciar el vuelo hacia Inglaterra el cable que sostenía el segundo planeador se rompió, enviando a la aeronave a las colinas nevadas.
Planta de Vemork
Los alemanes no perdieron tiempo en enviar tropas de la Gestapo para investigar la conmoción. Paulsson y los demás combatientes de la resistencia noruega sabían que no podían llegar a los comandos accidentados primero que los alemanes, por lo que se retiraron a su refugio de montaña a la espera de instrucciones. Durante tres largos meses los hombres subsistieron en las temperaturas bajo cero, alimentándose de vida silvestre. Mientras tanto, los sobrevivientes de los planeadores estrellados fueron capturados, interrogados, torturados y ejecutados por orden de Hitler, quien había ordenado secretamente que todos los comandos enemigos fueran  condenados a muerte, sin excepción.

El 19 de febrero de 1943, seis noruegos finalmente llegaron en paracaídas con un nuevo suministro de alimentos, armas y explosivos británicos. Tras un intercambio de saludos, Joachim Ronneberg tomó el mando del grupo y se diseñó su plan de ataque. Tan pronto todos se habían recuperado, los diez hombres noruegos se colocaron sus esquís y armados con fusiles, metralletas, cloroformo y pastillas de cianuro se marcharon a su misión. A pesar de que no habían recibido detalles específicos sobre el propósito de la central eléctrica, a los hombres se le había asegurado que su destrucción podía impedir que Hitler ganara la habilidad de destruir ciudades enteras con un solo golpe.

A las tres de la mañana del 28 de febrero, la banda de intrépidos noruegos se acercaron a su objetivo. La planta hidroeléctrica Vemork estaba asentada en el borde de un acantilado de 600 pies como una fortaleza medieval, y accesible a través de un puente de 240 metros de largo que se extendía sobre un profundo barranco. La zona estaba salpicada de minas, y el puente en sí estaba bien vigilado y bien iluminado. En lugar de enfrentarse a centinelas y minas terrestres, la fuerza eligió descender al barranco y trepar por el acantilado en el otro lado.
Cilindros de concentración
Después de completar la subida larga y traicionera hasta el acantilado de hielo, Knut Haukelid tomó el mando de cinco de los hombres y se separaron para asumir posiciones de cobertura fuera de las barracas alemanes. Los otros cuatro se dividieron en dos equipos de demolición, cada uno con sus propios explosivos, pues en caso de que uno de los equipos no pudiera llegar a la meta el otro podía completar la misión. Los cuatro hombres se dirigieron a la puerta del sótano que se suponía estuviera abierta, pero el operativo encubierto a cargo de la tarea había caído enfermo y perdió el día de trabajo. Los dos equipos se separaron en busca de puntos alternativos de entrada.

Joachim Ronneberg y su compañero Fredrik Kayser pronto encontraron una puerta que permitía el acceso a un estrecho pozo lleno de cables y tuberías. Lentamente se arrastraron a través del conducto mientras empujaban sus explosivos delante de ellos. Al final del túnel los hombres bajaron por una escalera y observaron su objetivo por primera vez: una larga fila de cilindros metálicos que recubrían la pared del salón de concentración de agua pesada. Los dos comandos saltaron del compartimiento y tomaron al vigilante nocturno completamente por sorpresa. El guardián obedeció las órdenes de levantar las manos y se puso de pie temblando mientras los intrusos armados cerraban todas las puertas conducentes a la sala. Ronneberg corrió hacia los tanques de agua pesada y de inmediato comenzó a colocar sus 18 cargas explosivas.
Vemork
Mientras colocaba los explosivos, Ronneberg escuchó el sonido de cristales rotos desde el otro lado de la habitación. Él y Kayser se dieron vuelta con las armas en la mano. A través de la ventana entraron dos hombres del equipo de demolición, después de haber sido incapaces de encontrar una entrada más adecuada. Juntos colocaron los explosivos y coordinaron los fusibles. Un civil noruego entró a la sala y se asombró al ver un puñado de comandos poniendo los toques finales a las cargos de demolición. Obedientemente subió los brazos y se unió a su colega en cautiverio.

Ronneberg encendió los fusibles de las bombas y en silencio contó hasta diez. Luego le ordenó a los cautivos que corrieran escaleras arriba tan rápido como pudieron. Con la esperanza de evitar las represalias contra la población local, los comandos dejaron en el suelo una ametralladora británica para simular el ataque como el trabajo de los agentes británicos. Los equipos de demolición se reunieron con sus compañeros fuera de la planta y juntos huyeron a toda velocidad. Después de largo rato, un ruido sordo se oyó desde el edificio Vemork detrás de ellos. Tres mil libras de D2O se derramaron de los tanques averiados por la explosión y fueron a parar en los desagues de la fábrica, destruyendo cuatro meses de  producción y severamente incapacitando del mecanísmo de recolección de agua pesada. En el momento en que los alemanes se dieron cuenta que estaban siendo atacados, los diez noruegos se habían puesto los esquíes y se escabulleron a la seguridad de las montañas.
Cilindros destruidos

Los saboteadores habían paralizado con éxito la planta de agua, pero los ingenieros alemanes comenzaron las reparaciones de inmediato y dentro de cinco meses el colector de agua pesada estaba de vuelta en funcionamiento. En el invierno siguiente los aliados disponían de los medios para atacar el objetivo por el aire, y durante un largo día en noviembre de 1943, ciento cuarenta y tres bombarderos estadounidenses B-17 atacaron el complejo de Vemork con más de 700 bombas. Debido al terreno muchas de las bombas fallaron su blanco, y la mayor parte de la estructura logró permanecer intacta, pero la serie de ataques convenció a los alemanes a abandonar la planta.

En un último esfuerzo para salvar los restos de la operación, los científicos nazis cargaron sus masivos abastos de agua pesada en un vagón de tren. Bajo el cuidado de un nutrido grupo de guardianes, el cargamento de óxido de deuterio comenzó su viaje a Berlín. La procesión armada subió el vagón al ferry Hydro para llevarlo a través del lago Tinnsjø. Cuando el barco atravesaba la parte más profunda del lago, se oyó una explosión fuerte debajo de la cubierta. El ferry zozobró y se hundió, arrastrando la mayor parte del programa de la bomba atómica de Alemania a una fosa profunda y acuosa. El saboteador noruego Knut Haukelid, quien era parte del equipo de sabotaje de Vemork, había infiltrado una bomba de tiempo improvisada a bordo del transbordador antes de que llegaran los alemanes. Desafortunadamente catorce civiles murieron cuando el barco se hundió, pero los líderes de la resistencia razonaron que esas pérdidas eran aceptables teniendo en cuenta las miles de vidas que se perderían si el programa nuclear de Hitler se completaba exitosamente.
Ferry Hydro
A pesar de las operaciones de los noruegos, no se logró frenar por completo el progreso del proyecto de bomba atómica de los nazis. Sin embargo, dichas operaciones representaron importantes obstáculos para los alemanes. De acuerdo con algunos reportes, los nazis se las arreglaron para construir y probar un pequeño dispositivo nuclear antes de que la guerra terminara, pero fue al parecer un diseño crudo e inferior al de las bombas lanzadas sobre Japón algunos meses más tarde por los E.U. En cualquier caso, la Alemania nazi ciertamente poseía los conocimientos y habilidades necesarias para construir una bomba. Carecía, sin embargo, de los recursos necesarios.
Lago Tinnsjø
En la historia moderna hay pocos ejemplos de operaciones de sabotaje tan pequeñas que tuvieran un efecto tan dramático. De acuerdo con algunas estimaciones, las incursiones en Vemork fueron un factor importante para evitar que Hitler tomara el control de Europa con un puño de plutonio. De hecho, de haber trabajado sin obstáculos, los científicos nazis pudieron conseguir una bomba atómica antes que cualquier otro país. En ese sentido, estos saboteadores contribuyeron con su valor y arrojo a evitar tal desenlace.

Para conocer más/Fuentes:

http://www.damninteresting.com/heavy-water-and-the-norwegians/

2 comentarios:

  1. Es una pena y verguenza,que despues que leemos estos hechos, donde se perdieron tantas vidas, se gasto tanto dinero, se produjo tanta hambre y destruccion, los paises ricos y capacitatos, sigan produciendo armas para las guerras, en vez de producir inventos para que los paises pobres y subdesarrollados, produzcan agua para la agricultura y asi producir sus alimentos.

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